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Recopilan en libro los estudios de la antropóloga Irmgard Weitlaner

Irmgard Weitlaner Johnson (1914-2011) fue la antropóloga que dedicó su vida al estudio y rescate de textiles indígenas, con autorización del entonces Instituto Nacional Indigenista y del Museo Nacional de Artes e Industrias Populares, durante el siglo XX recorrió los pueblos originarios de México para documentar con fotografías y anotaciones, la cultura material de las comunidades y hoy, por primera vez, parte de dicho material se reúne en el libro Saberes enlazados. La obra de Irmgard Weitlaner Johnson.

“Es la primera publicación que hago sobre el acervo de mi mamá. La realidad es que ella escribió muchísimo sobre textiles, tiene una bibliografía amplia, la cual anexo al final del libro, pero la mayor parte de sus publicaciones son técnicas y especializadas, entonces aunque contienen fotografías y dibujos, su audiencia es pequeña; pensé que sería una buena idea hacer un libro para un público más amplio”, explica Kirsten Johnson, hija de Irmgard Weitlaner.

El libro, editado por Artes de México, contiene ocho capítulos, un mapa con las localidades que visitó la antropóloga y una lista de artículos escritos por Weitlaner. “Las imágenes del libro son parte de las fotografías que mi madre tomó en Chiapas, Oaxaca, Yucatán, Puebla, Sonora, por mencionar algunos estados y además incluye fragmentos de sus notas de campo”

La heredera añade que la decisión de incluir más imagen que texto, se debe a que las fotografías son una ventana al México rural durante los años de 1935 a 1975 y que en la actualidad son espacios alterados a nivel paisaje y cultural. “Hay publicaciones en inglés sobre textiles y tejidos, pero no hay un compendio de imágenes que nos haga reflexionar sobre nuestro legado, no soy mexicana, pero me crié aquí y creo que es un tema importante para la población de este país”.

¿En dónde está resguardado el acervo de su mamá?

—Todas las fotografías que ella tomó, todas sus notas de campo y también de análisis, todas sus cartas y su biblioteca, lo doné a la Biblioteca Fray Juan de Córdova, Oaxaca. Me quedé con algunas cosas naturalmente para escribir el libro, pero también ya las he pasado a la biblioteca.

Su mamá también tenía una gran colección de indumentaria y variedad de textiles ¿en dónde se encuentra ese patrimonio?

—Tenía una colección personal de textiles que las compró con su propio dinero, no vayan a pensar que mientras fue curadora de textiles (en 1964) para el Museo Nacional de Antropología, tomó dinero del estado, no. Sus textiles los compró con sus propios recursos, no del museo y ahora todo eso está en Holanda en el Museo Etnográfico.

ARQUEOLOGÍA. En palabras de Kirsten Johnson, su madre fue afortunada al conocer localidades que hoy están en peligro de desaparecer, además de que visitó regiones en una época en que la producción de textiles era extensiva, lo mismo que su uso en el medio rural.

“Muchos textiles ya no se tejen o fueron transformados porque ha aumentado el interés académico y comercial. En cuanto al medio rural de ese tiempo, había otra economía, fue una economía que caracterizaría propia del campesinado indígena, había un énfasis sobre una producción inmediata, por ejemplo, construían sus casas con recursos como madera, paja y todo lo que estaba en su medio, hay una tradición que hoy no está tan presente”, destaca Johnson.

No quiero romantizar esa visión, indica, porque aun creo que es una vida bastante dura para muchos indígenas, “pero también como parte de su producción material, estaba la producción de su propia vestimenta, la cual circulaba y se vendía en circuitos reducidos y en lo personal, no le llamaría artesanía, porque se trata de una cultura material”

Pero cuando creció el mercado, la compra de insumos como manta, hilos sintéticos y tintes, también hubo apertura (a finales del siglo XX) e interés de personas no indígenas ni rurales, por las prendas y los diseños típicos, “entonces a partir de eso, es más evidente que la indumentaria indígena y otros aspectos de su cultura material no sueles ser estáticos”

Para Irmgard Weitlaner, Chinantla, ubicado al norte de Oaxaca, fue un sitio especial…

Sí. Era importante porque también lo fue para mi abuelo, quien era etnógrafo y lingüista. El abuelo no dejaba pasar dos años para visitar diferentes poblados de la Chinantla. Cuando mi madre tenía 21 años hizo su primer viaje a una comunidad, lo hizo con su papá y fue a Chinantla. Ahí existe una tradición textil fabulosa, la cual varía mucho de pueblo en pueblo, mi madre regresó varias veces a registrar las técnicas de las tejedoras.

En el libro menciona que su madre dedicó la mitad de sus publicaciones a los textiles arqueólogos

Sí, se conocen más sus estudios en textiles contemporáneos. La dificultad en México es que hay remanentes de textiles arqueológicos, son muy reducidos los restos porque no lograron conservarse, pero lo que se ha podido recuperar demuestra una variedad interesante de tintes e hilos. A mi madre le interesó el tema porque siempre se preocupó por trazar las técnicas contemporáneas y explicarlas desde su historia, y mucha de esa historia es prehispánica.

Algunos de los trabajos arqueológicos de Irmgard Weitlaner fueron: en la cueva mortuoria de la Candelaria en Coahuila donde hallaron prendas de fibra de algodón, yuca y agave; en las cuevas del Valle de Tehuacán, Puebla, donde encontró telas, cestos y sandalias con 3 mil años de antigüedad y el fragmento de algodón con gasa hallado en la cueva oaxaqueña de Coxcatlán.

¿Hizo algún trabajo junto con su madre?

—No, creo que fui una decepción. Pero con este libro, siento que he saldado una deuda con mi madre.

Recopilan en libro los estudios de la antropóloga Irmgard Weitlaner