AGENCIAS.
La Habana, Cuba, a 5 de febrero de 2026.– En medio de una profunda crisis energética y mientras solicita apoyo internacional, el Gobierno de Cuba mantiene abastecidas las gasolineras que operan en dólares, una situación que contrasta con los prolongados apagones y el racionamiento de combustible que afecta a la población.
El pasado 30 de enero, mientras amplias zonas de La Habana permanecían sin electricidad por más de 13 horas, una larga fila de vehículos se extendía por la calle Zapata, a la altura del cementerio de Colón. Sin embargo, no se trataba de una espera para adquirir gasolina en pesos cubanos, sino para abastecerse en un servicentro que vende combustible exclusivamente en dólares.
De acuerdo con testimonios recabados en el lugar, la decisión de pagar en divisa responde a una lógica económica forzada por la escasez. El litro de gasolina regular se vende en 1.10 dólares y el de motor en 0.95, mientras que en el mercado informal el precio oscila entre 800 y 1,000 pesos cubanos, con un tipo de cambio del dólar que ronda los 485 pesos. En la práctica, adquirir combustible en dólares resulta menos costoso que recurrir al mercado negro.
El mismo escenario se repite en otras gasolineras de la capital, como las ubicadas en Línea y E o en distintos puntos operados por la estatal Cupet, que desde enero de 2024 comenzaron a vender combustible en divisas como parte del proceso de “dolarización parcial” de la economía. Las autoridades aseguraron entonces que los ingresos servirían para financiar importaciones de crudo.
No obstante, la venta en dólares continúa incluso cuando la Isla no recibe cargamentos de petróleo desde el 9 de enero, lo que ha generado cuestionamientos sobre el origen del combustible y la prioridad otorgada a quienes cuentan con divisas frente al resto de la población.
En estos servicentros no existen límites estrictos para llenar el tanque del vehículo, aunque está prohibida la compra de combustible en bidones, salvo para propietarios de plantas eléctricas debidamente registradas, quienes reciben una asignación mensual. Para el resto de los conductores que dependen del peso cubano, el acceso al combustible se realiza mediante un sistema de autorizaciones esporádicas, con largas esperas y racionamiento prolongado.
La situación se desarrolla mientras actividades clave como la zafra azucarera, el transporte y las transmisiones de radio y televisión se ven afectadas por la falta de combustible. Aun así, el Estado mantiene la comercialización en dólares, alimentando sus ingresos a partir de remesas y ahorros de particulares.
Al caer la noche, con el restablecimiento parcial del servicio eléctrico en algunos barrios de La Habana, las filas de vehículos junto al cementerio de Colón permanecían intactas, ajenas a los apagones y a la crisis que marca la vida cotidiana en la Isla, reflejando una economía donde el acceso a bienes básicos depende cada vez más de la posesión de divisas.


